Un antes y un después del periodismo televisivo
Evidentemente los tiempos han cambiado para todos los medios de comunicación, ya sea la radio, el periódico y en este caso específico la televisión. Cambio que se refleja en la película Buenas noches, y buena suerte, donde se nos muestra melancólicamente el periodismo que hoy desearíamos tener.
Estamos hablando de la década de entre los 40 y los 50 en Estados Unidos, donde se vivió una fuerte persecución a los comunistas y donde se destaca como líder de esta, al senador Joseph McCarthy y el Comité de Actividades Antiamericanas.
La película se desarrolla completamente dentro de la Columbia Broadcasting System (CBS), la cadena estadounidense de televisión y radio.
Edward R. Murrow, el presentador de las noticias junto a todo su equipo de trabajo, hacen que lo que hoy se llama periodismo mire un momento a los inicios de este, y tome conciencia de lo que hoy vemos a diario en los medios.
No tan sólo por el blanco y negro, los antiguos métodos para llevar a cabo un programa, las discutidas reuniones de pauta, dirección y el programa en sí con un cigarrillo en mano, marcan la diferencia de un antes y un después de los inicios del periodismo televisivo.
Tan sólo la mirada de Murrow en la pantalla, reflejan el arduo trabajo de quienes están tras de él. Trabajo que nos muestra una cruzada periodística, responsable y valiente en una televisión plagada, en ese entonces, de timidez y dudas, para llevarla a informar con la verdad, incluso cuando dos historias no tienen sus lados iguales y lógicos.
En ese entonces se veía una clara evidencia de la decadencia escapismo y aislamiento de las realidades, donde se tenía una alergia a la información desagradable o perturbadora, pero que se rompió con la lucha de Edward y su equipo.
Este es el periodismo al que hoy se debería anhelar, el ético, el de la verdad, de análisis e investigación. Ahora no sabemos si creer o no en lo que nos dicen los medios o los mismos periodistas que de a poco han ido perdiendo credibilidad, por sus constantes caídas.
Actualmente se nos muestra una programación que simplemente quiere entretener divertir y aislar, que ha dejado de lado el fin de educar e inspirar. Estamos atascados en el exceso de grasa de la televisión que distrae y engaña para vender.
Pero la culpa de eso no son tan sólo los auditores, más bien los mismos expertos de la información, en sus manos está el romper con esta línea adictiva a ciertos programas que sólo se dedican al rating. Y ellos son los que nos han acostumbrado a la mediocridad de la indagación.
Murrow pudo romper con el periodismo de ese entonces, ¿por qué hoy no lo podemos hacer con el desvirtuado de hoy? y recordar que la información y la verdad no está sólo en el morbo, la sangre, la cebollería, las copuchas, entre muchos otros temas de los que hoy nos jactamos de saber.
Siempre hay una mirada más allá de todo, una mirada más allá de una línea editorial, una mirada que no necesariamente traspasa lo ético y que sí es correcto.
Estamos hablando de la década de entre los 40 y los 50 en Estados Unidos, donde se vivió una fuerte persecución a los comunistas y donde se destaca como líder de esta, al senador Joseph McCarthy y el Comité de Actividades Antiamericanas.
La película se desarrolla completamente dentro de la Columbia Broadcasting System (CBS), la cadena estadounidense de televisión y radio.
Edward R. Murrow, el presentador de las noticias junto a todo su equipo de trabajo, hacen que lo que hoy se llama periodismo mire un momento a los inicios de este, y tome conciencia de lo que hoy vemos a diario en los medios.
No tan sólo por el blanco y negro, los antiguos métodos para llevar a cabo un programa, las discutidas reuniones de pauta, dirección y el programa en sí con un cigarrillo en mano, marcan la diferencia de un antes y un después de los inicios del periodismo televisivo.
Tan sólo la mirada de Murrow en la pantalla, reflejan el arduo trabajo de quienes están tras de él. Trabajo que nos muestra una cruzada periodística, responsable y valiente en una televisión plagada, en ese entonces, de timidez y dudas, para llevarla a informar con la verdad, incluso cuando dos historias no tienen sus lados iguales y lógicos.
En ese entonces se veía una clara evidencia de la decadencia escapismo y aislamiento de las realidades, donde se tenía una alergia a la información desagradable o perturbadora, pero que se rompió con la lucha de Edward y su equipo.
Este es el periodismo al que hoy se debería anhelar, el ético, el de la verdad, de análisis e investigación. Ahora no sabemos si creer o no en lo que nos dicen los medios o los mismos periodistas que de a poco han ido perdiendo credibilidad, por sus constantes caídas.
Actualmente se nos muestra una programación que simplemente quiere entretener divertir y aislar, que ha dejado de lado el fin de educar e inspirar. Estamos atascados en el exceso de grasa de la televisión que distrae y engaña para vender.
Pero la culpa de eso no son tan sólo los auditores, más bien los mismos expertos de la información, en sus manos está el romper con esta línea adictiva a ciertos programas que sólo se dedican al rating. Y ellos son los que nos han acostumbrado a la mediocridad de la indagación.
Murrow pudo romper con el periodismo de ese entonces, ¿por qué hoy no lo podemos hacer con el desvirtuado de hoy? y recordar que la información y la verdad no está sólo en el morbo, la sangre, la cebollería, las copuchas, entre muchos otros temas de los que hoy nos jactamos de saber.
Siempre hay una mirada más allá de todo, una mirada más allá de una línea editorial, una mirada que no necesariamente traspasa lo ético y que sí es correcto.




